13 de mayo de 2013

PROYECTO LA CRUZ DE MANZANILLO A LA ESPERA DE MAS AYUDA ESTATAL


Unas 900 personas se benefician de los cultivos en los predios que una vez estuvieron  bajo el control de la Grenada Company. En 2012 la inversión estatal ascendió  a más de RD$87 millones.
 Un hombre trabaja en una plantación de banano en el municipio de Manzanillo, Montecristi. (Foto: Roberto Guzmán)
Un hombre trabaja en una plantación de banano en el municipio de Manzanillo, Montecristi. (Foto: Roberto Guzmán)
El animal avanza junto al lavadero, arrastrando tras si 25 racimos de guineos de esos que en Europa llaman “bananos”. Mientras, en una enorme pileta, María Ignacia Ramos se dedica –junto a un grupo de mujeres– a seleccionar aquellos de apariencia perfecta, los únicos con permiso de salida. El resto los va tirando en la otra pileta. En el Proyecto La Cruz de Manzanillo le llaman “rechazo”. En su batey le llaman “comida“. 
Tenía 11 años cuando comenzó a trabajar allí. Hoy cree tener 58, pero ha perdido la cuenta. “Gano cuatro mil y pico, y así. Eso no da para nada, como está el costo de la vida. Pero nos dan guineos y a veces llevan leche, y de vez en cuando matan animales. Esta es la única fuente de trabajo que hay aquí, después no hay más nada”, dice la señora, cuyo esposo también trabajó en el lugar hasta su muerte, al igual que como trabajan sus hijos.
El proyecto, que había mostrado signos de recuperación en los últimos años –cuando pasó de generar RD$5,996,653 pesos, por concepto de ventas de productos agrícolas en 2006, a RD$44,042,147 en 2010–, sufrió un duro revés debido a que la sigatoka mermó las plantaciones de guineo del país, y con la contracción del presupuesto, por lo que en 2012 las ventas apenas alcanzaron los RD$6,764,040. Ese año el Gobierno destinó al proyecto RD$87,151,632.
Es cerca del mediodía en unas de las fincas de banano. Los cuatro caballos avanzan la mercancía hasta el lavadero, pues es día de embarque. La imagen es significativa por muchas razones: donde hoy hay 22 caballos, hace cuarenta años hubo 300 tractores haciendo una función similar. Para algunos, simbolizaría pobreza y fracaso. Para la presente gestión del proyecto, es casi un logro, considerando que a su llegada no encontraron ninguna bestia y que éstos en la actualidad representan una alternativa a un lujo que no pueden darse por falta de presupuesto y combustible.
“No tenemos dinero”, admite el administrador, Inocencio Peña. La Cruz de Manzanillo tiene un presupuesto mensual de RD$7,262,636, de los cuales RD$4,672,429 se gastan en pago de una nómina de 900 empleados, entre fijos y móviles. Lo otro se destina al resto de los gastos de la institución, entre ellos, deudas acumuladas.
Productores de banano. (Foto: Roberto Guzmán)
Productores de banano. (Foto: Roberto Guzmán)
Más presupuesto. En un reciente informe elaborado para el Ministerio Administrativo de la Presidencia, del cual depende la institución a raíz de un decreto del año 1988, la administración exponía que para lograr la sostenibilidad del proyecto era necesario elevar la partida de gastos de operaciones de los RD$587,923 actuales, a RD$5 millones al mes.
Pero con una empleomanía que, al igual que María Ignacia, lleva prácticamente toda la vida trabajando en el lugar, las condiciones de sus trabajadores están muy vinculadas a su estado de salud y a la propia pobreza.
“Mucho de ese personal es un personal viejo, con problemas de presión, diabetes… El proyecto tiene que cargar con un personal que tiene muchos años trabajando con nosotros, los trabajadores residen cerca del lugar donde están las fincas, no tienen mucha instrucción, pero sí el conocimiento de la labor agrícola.  No se puede tirar a la calle”, explica el administrador.
El año pasado, la administración logró que el Gobierno central pensionara a más de 400 empleados, lo cual supuso un respiro para la institución. Pero como admite Demetrio Socías, asistente administrativo en La Cruz de Manzanillo, “la nómina de móviles es un círculo vicioso: si reduces personal, te baja la producción, porque no puedes hacer los trabajos de limpieza, de corte… Por eso se necesita una partida de operaciones”.
En el municipio Pepillo Salcedo (Manzanillo), Montecristi, donde la tasa de desempleo va de un 19 a 21%, según los últimos datos recogidos en el perfil provincial que elabora la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), y el 13.3% vive en pobreza extrema, el proyecto bananero lo es todo. Y fue así siempre, desde su creación. El pueblo, que en su origen no tenía más de 250 habitantes, y que en el último censo registraba poco más de nueve mil, fue una creación, si se quiere, de la Grenada Company, aquella compañía bananera que en 1937 llegó para explotar más de 200 mil tareas, para lo cual instauró toda una industria que en su mejor momento llegó a emplear a 10 mil personas y cuya millonaria infraestructura, heredada por el Estado dominicano en 1972, prácticamente se perdió.
Entrar a las naves de reparación es como penetrar a un túnel del tiempo: Cajas de piezas de un tren que ya no existe, cuyos últimos vestigios fueron desmantelados por la administración de Elías Wessin Chávez en Bienes Nacionales en un caso de corrupción que todavía se dirime en los tribunales dominicanos; los archivos de viejas administraciones donde constan las entradas y salidas de los embarques fechados en 1969, 1984 y así por el estilo.
En uno de los pisos, incluso, permanece una caja de muerto, de las que la compañía solía entregar a sus empleados cuando sobrevenía la desgracia. En una habitación, al abrigo del polvo y la luz del sol, cuelgan los restos de lo que fuera un racimo de guineo. Parece un cadáver. En la puerta, una señora cuida de que nadie vaya a robar lo poco que queda. Sobre un viejo escritorio, colecciona novelitas rosa de esas que compra e intercambia cada quince días, cuando visita el mercado de Dajabón.
Alrededor todo es monte de cambrones y cactus de apariencia sombría. La mayor parte de esta extensión ya no puede ser limpiada porque es una actividad que no renta nada al proyecto, explican los de la administración. Es por eso que los esfuerzos se concentran en las tierras cultivables. En la actualidad, apenas 5,059, de las más de 27 mil tareas que comprende el proyecto. Pero esto también es un logro. A su llegada, Inocencio Peña dice haber encontrado apenas 832 tareas cultivadas con banano.
En diciembre pasado, el presidente Danilo Medina realizó una visita sorpresiva al lugar y prometió el relanzamiento de La Cruz de Manzanillo, aunque no habló de montos. A raíz de esa visita, la administración presentó un plan de negocios en el que propone arrancar con un financiamiento de RD$30 millones para poner el proyecto en condiciones óptimas. Al momento del cierre de esta edición, el proyecto había comenzado a recibir ayudas adicionales en materia de combustible y equipos, aunque todavía no el financiamiento. También se vio a técnicos haciendo mediciones en la carretera que da hacia las fincas, una de las grandes demandas de los productores agrícolas de esa zona, cuyos costos se encarecen por causa de las precarias condiciones de la vía.
Con la ayuda recibida, la administración comenzó a preparar las primeras tres mil tareas de las 10 mil de plátano y 10 mil de banano que piensa comenzar a cultivar. Pero estas partidas complementarias es la forma en la que históricamente se ha mantenido el proyecto, incapaz de sostenerse financieramente al destinar la mayor parte de su presupuesto al pago de nóminas. Según el informe presentado a la Presidencia, el apoyo a través de partidas puntuales es lo que ha permitido que siga operando. Pero aunque esto le permite mantenerse a flote, un proyecto agrario no puede depender de apoyos que no sean constantes.
Otra situación que afecta la rentabilidad del proyecto son los intermediarios. Actualmente, el proyecto vende su producción a tres compañías exportadoras, Plantaciones del Norte, Ekobam y Axexbam. “Si nosotros llegáramos a tener 50 neveras, podríamos comercializar nosotros mismos, exportar directamente y esa intermediación nos la ganaríamos nosotros”, expresó Peña.
El proyecto Cruz de Manzanillo demanda mayor apoyo estatal. (Foto: Roberto Guzmán)
El proyecto Cruz de Manzanillo demanda mayor apoyo estatal. (Foto: Roberto Guzmán)
Desidia en el Consejo. Pero para eso, la empresa estatal tendría que producir más de lo que produce en la actualidad. En el año 2012, solo llegaron a 17,346 cajas, debido a la sigatoka y a una reducción en su presupuesto, que acabó con el repunte experimentado en el año 2010, cuando lograron colocar en el mercado unas 136,673 cajas.
También es necesario que se reúna el consejo que lo regula, creado en 2010 mediante un decreto de Leonel Fernández. Desde finales del mandato del expresidente, este consejo, encabezado por el Ministro Administrativo de la Presidencia, pero integrado además por el Ministerio de Agricultura, el Instituto Agrario Dominicano, el Banco Agrícola, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi) y representantes del sector bananero, no lo hace.
El administrador del proyecto dice haberse reunido con los representantes de esas entidades en forma individual.
“Hemos intentado que se reúnan, porque tenemos temas pendientes que tratar, pero no se ha logrado. Debemos lograr, por ejemplo, la ampliación de los cultivos de la empresa. Esta es una empresa exportadora de banano para Europa, el banano crea fuentes de empleo. Nosotros estamos exportando banano para Europa, pero nos faltan recursos para seguir ampliando. Nos faltan recursos para eso”, afirma Peña.
Muy lejos de ahí, en el batey La Recta de Sanita, donde vive María Ignacia, un viejo trabajador del proyecto rememora los mejores tiempos de la empresa agrícola. Una época en la que, según cuenta, cientos de tractores hacían fila rumbo al lavadero.
“Siempre paso por ahí y digo: ‘¡Gran poder de Dios! El guineo en tierra buena no se cansa’. Yo llegué un muchachito y todavía están ahí esos guineos, tienen 50 años. Pero ese proyecto ha ido ‘decayeciendo’, porque no hace nada una buena administración si no tiene recursos. Atender el chin que está; todos los que han venido han atendido al chin que está. Ese es el problema, no otro”.


Fuente: la Lupa sin trabas

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